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EXPERTOS EN BIENES

Serie: los pueblos del sur

EL GOLFO

TRADICIÓN Y PESCADORES

Domingo vivie aquí desde hace mucho tiempo, y es una de las pocas personas que ha sido testigo en primera fila de la evolución de este pequeño pueblo de pescadores; desde que tan solo contaba con algunas casitas aisladas hasta el día de hoy.

 

“Antes la vida en El Golfo era muy diferente” cuenta Domingo. “La costa salvaje, las fuertes olas y las condiciones de vida poco confortables no invitaban a la gente a venir de visita. La gran atracción de hoy, el cráter del volcán devorado por el mar con el “Charco de los Clicos” era antes el lugar preferido por los pescadores para encontrar gusanos para la pesca, y a pesar del increíble entorno, este no era característicamente importante para la vida”.

 

Actualmente, la población oficial es de 143 habitantes, y evidentemente El Golfo, aun sigue siendo un lugar pequeño, pero ya no es lo que era. Estos días ya forman parte del pasado y se nota nada más llegar. El aparcamiento en la entrada del pueblo está siempre lleno de autobuses turísticos y coches de alquiler. Cada día muchos turistas se acercan para curiosear esta belleza de la naturaleza y visitar el pueblo.

 

“Algunas de las antiguas familias, de clara tradición pesquera, tienen hoy restaurantes, y de los numerosos visitantes se hace suficiente clientela”, explica Domingo. “En El Golfo siempre se comía pescado fresco del día, y eso no ha cambiado hasta hoy”.

Muchos de los restaurantes no tienen un menú a la carta, y preparan lo que los pescadores han cogido por la mañana. Por eso la comida es uno de los principales atractivos, tanto para residentes como para los turistas.

 

Hoy en día puedes sentarte a comer la mejor pesca de la isla a la vera de algún magnífico vino malvasía, sin tener la más remota idea de que hasta 1995 el pueblo no estaba conectado a la red de suministro eléctrico de Lanzarote, y cada casa debía tener un pequeño generador de gasolina para alumbrarse durante la noche. Gracias al crecimiento del interés turístico del lugar esto ya solo es otra anécdota más, y día tras día una gran cantidad de visitantes viene a pasear y a sentarse en una tranquila terraza, en la que disfrutar de los bienes del mar a la luz de una de las mejores puestas de sol de esta costa.

Los lugareños miran sonrientes a los turistas, que buscan piedras volcánicas con algún trocito de “olivina2 en la playa y el cráter. En esta playa las posibilidades de encontrar restos decentes de esta piedra semipreciosa ya son mínimas, pero lo importante es pasar un buen rato. La gente del pueblo, sabe donde encontrar todavía las piedras verdes, y en la calle, algunos vecinos ponen mesas y venden las piedras más bonitas que han encontrado, y los turistas están contentos de tener la posibilidad de llevarse un souvenir tan típico de Lanzarote.

 

Algunas tardes, cuando casi todos los visitantes se han marchado, aun se puede apreciar ligeramente como era antiguamente el pueblo. La gente mayor se sienta en sillas de plástico en la calle y juntos repasan las novedades del día. Se puede oír la música de los pocos restaurantes que todavía están abiertos que parece luchar contra el siempre presente sonido del mar. La fantástica naturaleza, con el incesante poder del mar, la rebosante paz que emana el continuo choque de las olas contra la roca y el fresco olor del océano, sigue fundamentando la razón más fuerte, por la que la gente no cambiaría El Golfo por ningún otro lugar del mundo.

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